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 El Diario de New York                                                                                                                                                                        Miércoles -  Enero 23/30 - 2013

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EDITORIAL

UNA PROMESA ES UNA PROMESA

 

Al comienzo del primer mandato Barack Obama prometió resolver la situación de los millones de ciudadanos que se encuentran en el país sin documentos para demostrar su estatus de que si son de aquí o de otro sitio. Como decir, los americanos que hemos nacidos en estas tierras y de otros nacidos en estas mismas tierras antes y después que llegaran los colonizadores y a sangre y fuego se tomaran todo el continente.

Después de cuatro años de mandato de Obama, se ha invertido más dinero en desalojar a los de aquí por los que apenas llegaron, amparados por los republicanos que ven en todo el mundo sus enemigos.

$18 mil millones de dólares se gastaron en sólo buscar como detener la inmigración de aquellos que buscaban emigrar hacia estas tierras que siempre fue de todos. Se ha construido un muro, al igual que los chinos y los israelís. Que hoy son muros de la vergüenza y que generan odios innecesarios. Seguir estos proyectos adelante, con los dineros del contribuyente, que gran parte de esos impuestos son pagados, en el cobro de visas, e impuestos por esos mismos inmigrantes.

Para el republicano que solo mira lo que le conviene y no lo que es bueno para el país, siempre se viene lanza en ristre contra los que ofrecen soluciones a una industria que necesita de esas manos laboriosas. Las elecciones las perdieron por tener esos puntos de vista y estar rodeados de los enemigos de la prosperidad para todos.

En pocos días estaremos leyendo las noticias sobre la reforma migratoria. Si realmente 12 millones de ciudadanos continúan en la picota junto con sus familiares. O esas cadenas que los arrastran para lanzarlos fuera de esta gran nación se rompen. Y pueden realmente establecerse en todos los rincones de los 50 Estados y laborar para el bienestar de todos. Esa población es una fuerza innegable e indispensable para el bien de la nación. Sus votos en las elecciones pasadas no fueron en vano. Sino que dieron el resultado del cual se esperaba.

No solo el presidente Obama debe pensar en esa inmensa población. Sino quienes lograron sus puestos en el Congreso gracias los votos de los emigrantes. Esa deuda es latente y permanente porque no  es un sola elección sino muchas que vendrán y necesitan de ese electorado para que los apoyen el en futuro.

Para muchos personajes como el alguacil de Arizona estos inmigrantes es un problema porque él en cada persona ve un potencial enemigo, cosa que es común en estos personajes radicales y con falta de sentido común. Los Estados del sur por lo general son los que han tenido el mayor número de personas enemigas de la prosperidad. Lo han demostrado históricamente, a pesar que sin lo que norte les provee, ellos estarían aun como un país del tercer mundo.

 Una promesa es una promesa y a eso nos apegamos todos los ciudadanos de esta nación. Esperamos que no nos vayan a fallar y dejar a miles de estudiantes, trabajadores, familiares y amigos que con mucha expectativa desean que se cumplan los sueños de todos aquellos que esperan una respuesta positiva.

 

CONEDISON

 

Un nuevo gravamen se viene encima para todos los usuarios de  energía de ConEdison. La empresa con esta nueva alza de precios del costo de energía piensa colectar $400 millones de dólares para pagar los costos por los daños que dejó el huracán Sandy a su paso por la ciudad a la empresa. En estos momentos en que estamos viviendo una crisis económica que está ahogando a cada uno de los ciudadanos. El desempleo que sigue su curso y los altos costos de arrendamiento, los impuestos, los costos de seguros que son los más altos en la ciudad que en cualquier otra, y la salud que deja sin respiración a mucha gente. Todo esto llega en un mal momento. La gran mayoría de los neoyorquinos no son tan ricos como se quiere presentar. Son ciudadanos que luchan por sobrevivir en la gran manzana.

Es lamentable que este gobierno permita semejante imposición a quienes necesitan de este servicio energético que mantiene activa la productividad a lo largo y ancho de la ciudad.

Nuestros representantes parecen más interesados en su propio bienestar que cuidar por el bien de toda una comunidad quien los ha elegido.

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NEANDER PARK

 

Por Javier Sampedro

El evolucionista neoyorquino Stephen Jay Gould, fallecido en 2002, se quejaba de que Hollywood se había pasado cien años repitiendo la misma historia de ficción científica: el genio con más audacia que talento al que su criatura se le va de las manos; una eterna repetición, en el fondo, del mito de Frankenstein salido de la imaginación de Mary Shelley en 1818. Y tal vez la ciencia del mundo real no se haya acercado más a ese cliché que ahora mismo, ante la posibilidad real de resucitar al hombre de Neandertal, el formidable habitante de Europa y Asia occidental que se extinguió en Gibraltar hace 30.000 años. ¿Cómo acabaría ahora la película? ¿Cómo la remataría Mary Shelley? ¿Y usted, lector?

Lo primero que haría falta serían unos científicos impetuosos que se propusieran resucitar al neandertal, pero este es un asunto que ya ha saltado a la estantería de no ficción. El genetista de Harvard George Church, que ha inventado el marketing genético al escribir en una molécula de ADN su propio libro —Regénesis: cómo la bilogía sintética va a reinventar la naturaleza y a nosotros mismos—, ha propuesto no ya resucitar a un neandertal, sino a toda una cuadrilla de ellos (ver entrevista adjunta).

Y entre los científicos que consideran técnicamente factible la resurrección de los neandertales —si no ahora mismo, sí en el plazo de sus vidas— milita nada menos que Svante Pääbo, jefe de genética del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, líder indiscutible de la paleogenética, o recuperación de ADN antiguo a partir de huesos fósiles, y máximo artífice de un reto científico que se consideraba imposible hace solo unos años: el genoma neandertal, la lectura de la secuencia (tgtaagc…) de los más de 3.000 millones de bases, o letras químicas del ADN, que portaban en el núcleo de cada una de sus células aquellos homínidos que dominaron Europa durante cientos de miles de años y hoy duermen el sueño fosilizado de los justos.

¿Por qué resucitar al neandertal? ¿Y por qué no hacerlo? ¿Cuáles son los riesgos, cuántas las ventanas abiertas, cuáles las oportunidades de negocio? Lo digo en serio: imaginen que un economista neandertal nos saca de la crisis.

En primer lugar, la resurrección del neandertal plantea lo que podría denominarse el dilema del ecologista. La técnica para hacerlo, por un lado, implica una serie de manipulaciones genéticas, hibridaciones cromosómicas y clonaciones embrionarias suficiente como para atragantar la cena de Nochebuena de cualquier amante de la naturaleza. Por otro lado, sin embargo, ¿qué amante de la naturaleza se opondría a la recuperación de una especie no ya en riesgo de extinción, sino tan extinta como lo pueda estar el tiranosaurio rex? Si el amor a la naturaleza es real, ¿no debería abarcar también a las naturalezas del pasado y a nuestros antecesores en el cuidado y usufructo del planeta?

Cabe imaginar, de hecho, una postura ética que defienda no ya nuestro derecho, sino incluso nuestro deber de recuperar a la especie. Después de 300.000 años campando a sus anchas por Europa, los neandertales empezaron a replegarse hacia el oeste en sospechosa coincidencia —dentro de los geológicos márgenes de error de la paleontología— con la llegada por el este de nuestra especie, el Homo sapiens, el último invento de la evolución de los homínidos en la Madre África.

El repliegue hacia el oeste de los neandertales no fue flor de un día —se prolongó por 10.000 años y se salpicó de ocasionales intercambios, y no solo comerciales—, pero fue consistente e implacable. Hasta el extremo de que los neandertales se extinguieron en Gibraltar, la última reserva occidental que se había librado de nuestro acoso. La irreductible aldea del hombre antiguo. El registro fósil no nos deja muy bien parados, y clonar al neandertal se puede interpretar como nuestro humilde resarcimiento por haber causado su extinción.

Por supuesto que el experimento puede salir mal, dando la razón una vez más a Mary Shelley y a la machaconería con que Hollywood ha reincidido en su reestreno. El neandertal podría morir en cualquier momento de su desarrollo embrionario o fetal o, peor aún, nacer con horribles malformaciones y grandes penalidades. O quizá naciera bien pero luego resultara ser un miserable, un psicópata, un impertinente. Aun si todo lo anterior va bien, ¿cómo sería el humor de un neandertal? No me digan que contaría chistes de Gibraltar.

La resurrección del neandertal va más allá del Parque Jurásico, la novela de 1990 en que Michael Crichton prefiguró el actual debate científico. Crichton predijo la recuperación de ADN antiguo, su clonación en los huevos de una especie distinta (su elección de la rana es ciertamente discutible, puesto que los pájaros evolucionaron de los dinosaurios) y la exhibición de los resultados en un parque de atracciones.

Pero el neandertal va mucho más allá de un dinosaurio, porque ahora hablamos de una especie humana, inteligente —su capacidad craneal era mayor que la nuestra— y lo bastante

sensible como para cuidar de sus enfermos y enterrar a sus muertos. Exhibirlos en un parque de atracciones no parece una opción, ni encerrarlos en una jaula.

Y ahora escriban el final de la película. Y, por favor, intenten superar a Mary Shelley.

 

ANAQUEL

 

 

EL MIEDO

Neverg Londoño Arias

 

Toda actividad que se realiza tiene un límite; pasar de ese límite es un riesgo; al otro lado se presupone una amenaza. En un instante aparece el fantasma de la inseguridad creado por la escasa información y la mínima protección, se evidencia la dificultad para decidir y la certeza de perder.

 

El miedo es un mecanismo de defensa en el cual se presenta la falta de aceptación, la falta de amor, la sorpresa, la carencia de control, el paso a lo desconocido, lo inesperado, la posibilidad de la muerte y el olvido: es lo contrario del amor, es la expresión de la angustia. La ansiedad es generada por un temor repentino, pero la angustia se anida en una causa más profunda, el miedo a la castración convertido en palabra. Todos los miedos del mundo deambulan en los territorios complejos de las fobias y en los laberintos de la paranoia.

 

Los primeros miedos nos acompañan desde el origen, al lado de la madre en sus temores, frustraciones y alegrías y en sus relaciones con el entorno. Lo externo se asocia a la desprotección y la falta de amor: frío, oscuridad, inseguridad ambiental, dificultades en las relaciones familiares, hambre y ausencias. Algunos psicopediatras consideran que los niños no diferencian miedo de emociones internas y los peligros que se encuentran fuera de sí; sin embargo desde la cuna se refuerza el miedo a actuar y decidir: “No toque, no coja, camine con cuidado”, “Que tal que le vaya mal y fracase”.

 

El miedo se expresa desde los silencios repentinos, el temblor, la alteración, la sudoración, la timidez, el llanto, la parálisis, los gritos y la mentira protectora. El lenguaje de la mentira es la negación a enfrentar lo real, se transforma en lo no real, en el mito, lo ficticio; conducta de protección útil en muchos momentos de la vida y en los disímiles  espacios de la sociedad, la política, la paz y la guerra.

 

En el mundo escolar el miedo tiene lugar preponderante: inseguridad por la deficiente información, resistencia a ingresar a la institución, a separarse de la madre, temor ante la presencia de personas mayores, dificultad en la socialización y a la aceptación de las normas, miedo a los llamados de atención, los castigos, las pruebas de rendimiento, la salida al tablero, a hablar en público y a los informes escolares. En todos estos casos se desconocen los efectos y se  autoreferencian las probabilidades de pérdida y castigo. Se asume que fracasar es perder: en un examen de conocimientos la insuficiencia de la información determina la decisión del riesgo.

 

En el mundo de los adultos hay resistencia a tomar decisiones de trascendencia; se acepta depender para tener a quien culpar de errores y fracasos. Es común el miedo a hacerse cargo de los padres ancianos para lo cual se recurre a la evasión y el abandono. Se aplaza la posibilidad de renunciar a la dependencia y dirigir la vida o continuar aceptando que otro u otros la manejen. Muchas parejas resuelven dejar el hogar paterno-materno para hacer vida independiente, pero conservan un invisible cordón umbilical, lo que equivale a trasladar la cama cinco cuadras más allá. Es difícil asumir el desprendimiento y tomar las propias responsabilidades. El objetivo no es renunciar a la familia sino a la dependencia y crear ambientes y lazos en otro sentido, desde el nuevo hogar, para realmente dirigir la propia vida.

 

Quien no está en capacidad de dirigirse, encuentra quien lo dirija y decida. En la vida amorosa existe el miedo a la pérdida representada en la celotipia. Separarse o divorciarse es enfrentar la soledad y la pérdida de las comodidades.

 

Cuando se enfrentan los miedos crece la producción de adrenalina y se desafía el peligro: lugar común en algunos “deportes extremos” y en actividades laborales en las cuales se pone en juego la vida; cuya contraprestación es “el salario del miedo”.

 

La elección del riesgo es lo que nos hace mirar el otro lado de los límites. Estamos seguros que la vida es incierta y esperamos ir de acierto en acierto, pero el error hace parte del aprendizaje: se puede perder o ganar, acertar o fallar.

 

Vemos el mundo como un lugar peligroso, es lo que tenemos, hay que vivirlo y reconocerlo para mejorar los vínculos con nosotros mismos y disminuir la dependencia hacia lo externo, lo incierto. 

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